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lunes, 25 de abril de 2016

EL VIEJO Y EL MAR de Ernest Hemingway.

 

Editorial: Debolsillo.
Fecha publicación: 2003.
Nº Páginas: 160
Precio: 5,95 €
Género: Novela.
Edición: Tapa blanda.
ISBN: 9788497594585


Autor

Ernest Hemingway, nacido en 1899 en Oak Park, Illinois forma parte ya de la mitología de este siglo, no solo gracias a su obra literaria sino también a la leyenda que se formó en torno a su azarosa vida y a su trágica muerte. Hombre aventurero y amante del riesgo, a los diecinueve años se enroló en la Primera Guerra Mundial como miembro de la Cruz Roja. Participó en la guerra civil española y otros conflictos bélicos en calidad de corresponsal. Estas experiencias, así como sus viajes por África, se reflejan en varias de sus obras. En la década de los años veinte se instaló en París, donde conoció los ambientes literarios de la vanguardia. Más tarde vivió también en lugares retirados de Cuba o Estados Unidos, donde pudo no solo escribir sino también dedicarse a una de sus grandes aficiones, un tema recurrente en su producción literaria: la pesca. En 1954 obtuvo el Premio Nobel. Siete años más tarde, sumido en una profunda depresión, se quitó la vida. Entre sus novelas destacan Adiós a las armas, Por quién doblan las campanas o Fiesta. A raíz de un encargo de la revista Life escribió El viejo y el mar, por la que recibió el Premio Pulitzer en 1953.

Sinopsis

Con un lenguaje de gran fuerza y sencillez, El viejo y el mar narra la historia de un viejo pescador cubano a quien la suerte parece haber abandonado, y del desafío mayor al que se enfrenta: la batalla despiadada y sin tregua con un pez gigantesco en las aguas del golfo. Escrito en 1952, por encargo de la revista Life, este relato lo confirmó como uno de los escritores más significativos del siglo XX, obteniendo el premio Pulitzer en 1953 y allanando su carrera hacia el Nobel de Literatura que recibió en 1954.

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]



************************************

No me llevo bien con los hombres que pescan. La culpa la tuvo Herman Melville y mi profesor de Literatura Norteamericana al que se le ocurrió mandarnos leer Moby Dick en inglés, durante mis años universitarios. Conviví más de un mes con el capitán Ahab, rodeada de ballenas y al final acabamos mal. No me extraña. Por aquel entonces su obsesión por capturar a la ballena blanca me parecía un sinsentido. Mi escasa madurez lectora me impedía entender que, tras aquella obcecación se escondía algo más. Aun sabiendo que aquella lectura fue demasiado superficial, no he vuelto a releer Moby Dick, ni siquiera me lo he planteado. Probablemente ahora podría entender mucho mejor aquella novela pero -seguro que esto lo he dicho ya- aquel capítulo titulado Cetology, en el que se describían página, tras página y tras página, todos y cada uno de los tipos de ballenas que pueblan los mares de este planeta me dejó marcada para siempre. Tuve que inyectarme el diccionario inglés-inglés en vena y todavía no he encontrado un antídoto.

Recientemente he vuelto a vérmelas con otro hombre de pesca. En el club de lectura nos encargaron leer para este mes El viejo y el mar de Ernest Hemingway. Jamás había leído nada del autor. Por casa anda Fiesta, en inglés también, pero no me he arrimado a él tampoco. El viejo y el mar me pareció una propuesta interesante. No parecía un libro de excesiva pendiente y  su edición, letra agradecida y un número de páginas aceptable -esto puede sonar pero es más importante de lo que parece- me animaban a entablar amistad con el viejo pescador que el autor norteamericano pretendía presentarme.

El viejo y el mar cuenta la historia de Santiago, un anciano «flaco y desgarbado, con arrugas profundas en la parte posterior del cuello» que sale a pescar en solitario. Anteriormente lo hacía con el joven Manolín pero dado que el viejo lleva ochenta y cuatro días sin capturar nada, los padres del muchacho han querido que cambie de patrón. La decisión paterna no parece agradar al chico, quien siente un profundo afecto por el anciano y, aunque no le queda más remedio que obedecer, no dejará de estar pendiente de Santiago, a quien considera su verdadero maestro, el que le ha enseñado a pescar.



Así pues, solo pero con resolución, Santiago saldrá a en su barca una vez más a probar suerte. Presiente que su racha va a cambiar, que esta vez cobrará una buena pieza y por eso decide alejarse algo más de la costa, adentrarse en su barcaza mar adentro, tanto que dejará de apreciar el resplandor de las luces de su isla en el cielo. El tiempo pasará pero no perderá la paciencia. Estudia el cielo, la dirección del viento, el estado de la mar y llegará el momento en el que el sedal se tensa, signo inequívoco de pieza capturada. Comenzará así una lucha que durará varios días y en la que el anciano tendrá que exprimir las pocas fuerzas que le quedan a su menguado cuerpo.

Desde las primeras líneas comencé a preguntarme qué quería Hemingway contarme con esta historia. No podía ser que simplemente me estuviera narrando la historia de un viejo pescador cubano que consigue al fin atrapar un pez espada de tamaño considerable. No podía ser. Tenía que haber algo más y ahí es donde el lector tiene que poner a trabajar su sesera y extraer el verdadero significado de esta novela. Cada uno podrá interpretar la historia de un modo diferente. En mi caso, creo que Hemingway toca temas tales como la paciencia, la fe, la perseverancia, la soledad, la lucha contra los elementos, la superación de las adversidades o la amistad. El autor norteamericano utiliza la historia de Santiago para hacerme entender que el ser humano no debe jamás tirar la toalla, que todo esfuerzo tendrá su recompensa al final aunque no se haya alcanzado por completo el objetivo propuesto porque Santiago llegará a puerto tras haberse pasado varios días en alta mar, habiendo pasado apuros, sin apenas agua ni alimentos más los que le proporcione el propio mar, y lo hará prácticamente con las manos vacías y heridas, cansado, exhausto y agotado pero sano y salvo. El pueblo, el que se reía de él al principio de la novela, terminará por admirarlo pues ha logrado lo que otros muchos no han conseguido.

En la actitud de viejo Santiago hay todo un decálogo de lo que deber ser el comportamiento del hombre en la vida. Él será ejemplo para la gente de su isla pero también para el lector que ve, con angustia, como el anciano se aleja de la costa en una barca demasiado frágil para la inmensidad del mar. No hay temor, solo resolución.


Al margen de las cuestiones que toca, la novela muestra la peculiar amistad entre el viejo y el muchacho, algo que no debemos pasar por alto. Flota entre ellos un amor expresado sin palabras y que solo se materializa con los hechos o las emociones que incitan a uno y a otro. En ocasiones he sentido que era Manolín el que adopta el papel de adulto, convirtiéndose en el protector del anciano, preocupándose por él, curando sus heridas, procurándole descanso y alimentación. Es posible que Santiago vea en Manolín al niño que un día fue, reflejo de esa juventud y fuerza que él dejó atrás. 

El viejo y el mar es una lectura que no te llevará demasiado tiempo si simplemente te limitas a leer lo que Hemingway nos cuenta. Es cierto que en las páginas iniciales, la abundancia de diálogo entre Santiago y Manolín ayuda a avanzar en la lectura a buen ritmo y sin demasiado esfuerzo por parte del lector. No obstante, una vez que el viejo sale solo a pescar, la atmósfera se enturbia y una neblina recubierta de monólogo interior nos rodea. Será entonces cuando tengamos que leer entre líneas y entender por qué Santiago se empeña en llegar a puerto con una captura que solo lo está acercando a un peligro inminente. No os voy a desvelar más nada.

La edición que nos trae Debolsillo cuenta con el prólogo de Juan Villoro en el que, para mi gusto, se desvela demasiado para ser una sección introductoria. En este caso, y si cae en vuestras manos esta misma edición, os aconsejo que leáis el prólogo en último lugar. Además de desvelarnos interesantes apuntes biográficos y desgranarnos el trasfondo de la novela, Villoro recupera unas palabras de Hemingway que venían a decir que él se consideraba un profesional de la pesca pero un amateur en la literatura. Sobre lo segundo se podría discrepar mucho pero no así sobre lo primero. El viejo y el mar denota el gran conocimiento que el autor tenía sobre el arte de la pesca. Las descripciones son minuciosas no solo en relación al entorno en tierra firme o en mar adentro  o con respecto a las emociones que afloran, sino también en lo relativo a las maniobras y las habilidades que se han de tener a la hora de capturar peces en el mar. Tan descriptivo llega a ser sobre los artilugios y los modus operandi que esos pasajes sí me han parecido más arduos y cansinos.

En definitiva, El viejo y el mar ha sido una lectura agradable que me ha conducido a interesantes reflexiones. No obstante, para llegar a ellas, el autor dibuja un umbral por el que el lector tiene que cruzar y que no es otro que la historia de Santiago y esos días de pesca que pasa en altamar. Como dije al principio, no me siento cómoda con los hombres que pescan y más si el autor se para con detalle en las poses y los usos. Dije antes que es la parte que más cuesta arriba se me hizo pero aún así, merece la pena pasar por ella para conocer a Santiago y descubrir lo que verdaderamente nos quiere contar Hemingway.

Ya me diréis si la habéis leído.





[Ilustraciones e imágenes tomadas de Google]

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20 comentarios:

  1. Casualidad: en breve la leeré.
    Besos

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  2. Supongo que tu profesor tenía sus motivos, pero también era un poco sádico, jeje. He leído "El viejo y el mar" dos veces, la historia de Santiago me conmueve profundamente. Esa lucha sin cuartel, su perseverancia, es una hermosa metáfora de la vida. Más allá de términos marineros, aunque no recuerdo que Hemingway cargara las tintas en exceso. También me gustó la historia de amistad entre el niño y Santiago; en pocas páginas se tratan muchos temas y se obliga a la reflexión, lo que considero de mucho mérito.
    Saludos.

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  3. No sé Marisa...en este momento no me apetece algo así. Yo con los pescados me llevo más o menos como tú con los pescadores, jajaja.
    Besos

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  4. Con Moby Dick no me he animado nunca, que nunca he entendido esa persecución a la pobre ballena. Pero sí, como bien dices, algo más tiene que haber en la novela. Pero no termino de animarme. Como tampoco me animo con Hemingway. Y sé que debiera. Pero no. Nunca le encuentro su momento.
    Besotes!!!

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  5. Este es otro de mis grandes clásico pendientes. A mí el mar no es algo que me llame especialmente (soy muy de secano, muy de interior), pero cuando he leído libros de este tipo (por ejemplo Diario de un náufrago, de Gabriel García Márquez), me he sorprendido a mí misma disfrutándolos un montón.
    Gracias por tu entrada. Un beso.

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  6. Me ha encantado tu primera frase , pobres pescadores. Jeje. Bueno, yo tampoco he leído nada del autor y si bien no creo necesario que te lo den todo bien triturado y hasta masticado me molesta todavía más tener que inventarme yo el sentido de la historia. Una cosa es que lo que leas te lleve de forma natural a reflexionar y que cuando acabes el libro te des cuenta de que la historia va más allá de las palabras, y otra muy distinta tener que romperte la cabeza para encontrar el sentido. No sé si me explico, es como esos directores que solo ellos entienden la película que han hecho.
    La verdad es que pese a que el viejo ha salido mejor parado que el cachalote, no me apunto ni a uno ni a otro. Así que de momento seguiré siendo una ignorante respecto al autor.
    Besos

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  7. Magnífica reseña. Yo leí de Hemingway "Por quién dobla las campanas" y me gustó bastante, asi que quiero seguir leyendo más cosas.

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  8. No es un autor que me guste, más bien lo contrario, pero me han dicho que esta novela merece un poco más la pena. Un beso.

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  9. Tiempo ha que no leo nada de Hemingway. Y esta reseña tuya de El viejo y el mar me invita a releer algo de este autor. Besos.

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  10. Para mi es un clásico ineludible. Un beso ;)

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  11. Pues yo no le ha leído y ahora mismo no es una lectura que me apetezca demasiado...

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  12. Lo leí en el instituto y por eso de ser lectura obligada no lo disfrute del todo aunque me llegó ciertos apuntes. Hoy seguro que me sentaría de otra manera con los años.

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  13. La leí hace un montón de tiempo pero la recuerdo muy vagamente así que a lo mejor sería la excusa ideal para una relectura. Me has hecho recordar que no he vuelto a leer "Moby Dick", y la verdad es que me apetecería...

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  14. Lo leí hace bastantes años y aunque no recuerdo los detalles de la historia, sí recuerdo que no disfruté de la lectura
    Besos

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  15. Ahora mismo no creo que disfrutara de esta lectura, prefiero otro tipo de novelas.
    Besos.

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  16. Intenté leerla pero no conectaba con el estilo y la deje.

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  17. Lo leí hace un montón, en el colegio, y he de decir que me gustó, más incluso de lo que esperaba
    Besos

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  18. ¡Hola!
    Lo apunto a ver qué tal.
    Genial reseña.
    ¡Nos leemos! :-)

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  19. Lo leí hace años y me dejó una muy buena impresión, maravillosa la amistad entre el viejo y el niño. Una novela llena de reflexiones.
    Besitos

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  20. Lo leí en el cole, me pareció super denso... No sé si me animaría a una relectura...

    Besotes

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