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martes, 12 de julio de 2016

ENTREVISTA a CARLA MONTERO (El invierno en tu rostro).

megustaleer - Carla MonteroAutora

Quizá por falta de buen material siempre me resisto al ejercicio de la autobiografía. Pero el lector curioso (yo lo soy), obliga. Ya que he escrito la que es hasta ahora mi novela más personal, debería del mismo modo escribir mi biografía más personal. Y empezaré por lo que todo el mundo quiere saber sobre una persona: su edad. Tengo cuarenta y tantos años. La imprecisión no obedece a la coquetería, sino a la pereza; no tendré que autobiografiarme hasta dentro de ocho años. Nací en Madrid, aunque me hubiera gustado nacer en un pueblo. Me da mucha envidia la gente que tiene pueblo. Por eso busco uno para adoptar. Estudié Derecho (tocaba) y empecé Historia (esto sí que me gustaba, aunque lo dejé). He trabajado en formación: multinacional, viajes, estrés, decir dos de cada tres palabras en inglés... Con veintitantos eso me gustaba. Me he iniciado en decenas de deportes y no he perseverado en ninguno. He querido dedicarme profesionalmente a la cocina, al yoga, a viajar,... Curiosamente, nunca me había planteado lo de escribir de manera profesional y mira tú por dónde: tras siete años, cuatro novelas, un premio y lectores hasta en Serbia (sí, en serio, me leen en Serbia), hoy dicen que soy escritora. Aunque a la vista de mi naturaleza volátil, mañana... no lo sé. 

Hay una sola cosa que me definirá el resto de mi vida: soy madre. Para siempre. Igual que muchas mujeres. Después de todo, no soy más que una persona normal. y siendo así, es difícil escribir una buena biografía. Ya lo decía yo.


Sinopsis


En un pueblo de montaña los hermanastros Lena y Guillén viven una existencia sencilla y tranquila. Ambos están muy unidos y apenas conciben la vida el uno sin el otro. Sin embargo, algo tan inesperado como extraordinario sucede y se ven obligados a separarse. Con los años y la distancia aquella complicidad infantil se convierte en amor juvenil alimentado con un encuentro esporádico y cientos de cartas.

El estallido de la Guerra Civil sorprende a Lena en Oviedo y a Guillén en Francia, quien, angustiado por la suerte de la mujer que ama, inicia un arriesgado viaje a través de un país asolado por la contienda para reunirse con ella. Sin embargo, la guerra pone a prueba su amor: Lena se ha convertido en enfermera voluntaria del bando sublevado y resiste en una ciudad sitiada por las fuerzas republicanas; Guillén forma parte de esas fuerzas que estrangulan la ciudad.

Más tarde, Lena y Guillén vivirán de primera mano los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial y seguirán en bandos opuestos: él en la resistencia contra el nazismo y ella como enfermera de la División Azul. Y aunque sus destinos volverán a cruzarse tanto en la Varsovia aplastada por los nazis como en la exuberante Tánger de los años cuarenta o en el dramático escenario de la posguerra española, siempre estarán condenados a enfrentarse al mismo dilema: ¿Cómo pueden amarse cuando sus voluntades políticas y sus trayectorias vitales han tomado caminos tan distintos?


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]

************************************



El mismo día que la editorial colgaba la cubierta de El invierno en tu rostro en su muro de Facebook me enamoré. Creo que estaréis de acuerdo conmigo en que es una preciosidad, que te incita, como mínimo, a acercarte al libro y a leer su sinopsis. Por supuesto que lo realmente importante es el interior, el contenido, pero a todos nos atrae de entrada lo bello y esta cubierta, sin duda alguna, lo es. 

Hace unas semanas volvió por Sevilla Carla Montero. La conocí cuando andaba de promoción con La piel dorada y aquella conversación me dejó tan grato recuerdo que me alegré muchísimo al saber que volvía a visitarnos. La pena es que la entrevista se desarrolló sin que me hubiera dado tiempo a leer la novela pero aún así, como siempre, resultó una charla muy entretenida e interesante. Esto es lo que nos contó.


Marisa G.- Carla, un placer volver a verte de nuevo.

Carla M.- Igualmente.

M.G.- Estoy en las primeras páginas de tu libro pero antes de hablar de su argumento y sus personajes me ha parecido muy simpática la autobiografía que se incluye en la solapa en la que tú empiezas  a contar todo lo que has empezado en la vida y no has terminado. Da la sensación de que estos años te han servido para encontrar tu sitio y descubrir lo que realmente quieres ser, novelista.

C.M.- Bueno, más que nada me han servido para darme cuenta de que en realidad no puedes dar nada por sentado. Después de pasar por tantas etapas, me doy cuenta de que hoy estoy escribiendo pero mañana no se sabe. Escribir ahora es mi camino y estoy bien, muy a gusto pero mañana ya se verá.

M.G.- Y leyendo todo lo que se ha dicho sobre ti estos días, a raíz de la publicación de la novela, todo el mundo habla de «la autora de La tabla esmeralda». Entiendo que se hace tal alusión porque aquella novela se vendió muy bien pero a mí me da cierta pena porque la anterior, La piel dorada, me gustó mucho y esa queda ahí como relegada a un segundo plano.

C.M.- Bueno no deja de ser una herramienta de marketing, como otra cualquiera, que utiliza la editorial. Efectivamente La tabla esmeralda, a nivel de ventas, tuvo mucha más difusión y repercusión que La piel dorada. Esto es igual como con Ken Follet, el autor de Los pilares de la tierra, y fíjate cuántos libros más ha publicado. Creo que cuando se piensa en un autor, siempre hay un libro que lo define y lo que lo define no siempre es la calidad sino la cantidad.

M.G.- Ya, ya,... me imagino. Bueno pues creo que la novela se publicó pocos días antes de la Feria del Libro de Madrid, donde estuviste firmando, ¿cómo han acogido esta nueva novela los lectores?



C.M.- Muy bien. La feria ha tenido mucho ambientazo este año, tanta gente que casi no se podía andar. En las firmas he tenido a gente haciendo cola y el feedback de los lectores ha sido estupendo, sobre todo referido a las anteriores novelas porque esta estaba recién publicada y a muy pocos lectores les ha dado tiempo a leerla aunque alguno había. No sé cómo lo habrán hecho. No habrán dormido (risas).

M.G.-  Se dice que esta es tu novela más personal, ¿por qué exactamente?

C.M.- Fundamentalmente porque está basada en una historia familiar. He tirado mucho del baúl de los recuerdos de la familia para construir los personajes e incluir determinadas anécdotas en el libro. No es que sea una crónica familiar pero el hecho de utilizar esas anécdotas como base me ha obligado a trastear la historia de la familia y eso hace que sea una novela muy personal, en la que hay mucho de mí. Es la única de todas mis novelas en las que he tenido la necesidad de incluir un apéndice donde explico qué es lo que es real y que es ficcionado. 

M.G.- Esta historia tiene que ver con tu abuelo y tus tíos abuelos que participaron en la Guerra Civil y en la II Guerra Mundial en diferentes bandos, ¿verdad?

C.M.- Exacto, parto de esa base. Mi abuelo estuvo en el frente ruso como miembro de la División Azul y su hermano estuvo en la resistencia francesa porque era comunista y acabó internado en el campo de Mauthausen. En base a estos dos miembros de mi familia he construido los personajes principales de la novela, Lena y Guillén, que tendrán recorridos vitales diferentes pero, como te digo, sí utilizo muchas anécdotas reales para incluirlas en la trama.

M.G.- Las guerras dividen familias. En el caso de la tuya, ¿cómo se vivía que hubiera miembros en distintos bandos?

C.M.- Pues mi tío abuelo era la oveja negra de una familia muy religiosa, muy conservadora, muy de Acción Católica, de Falange,... aunque era una familia obrera. El hecho de que un hijo se afiliara al Partido Comunista fue un shock. Sin embargo, lo bonito es que nunca lo repudiaron. Siempre hubo una relación fluida entre ellos, lo ayudaron cuando hubo que ayudarle e incluso cuando finaliza la Guerra Civil lo esconden en su casa, lo ayudan a marcharse a Francia y cuando vuelve en la clandestinidad también lo acogen... Creo que es una bonita lección. Da igual la ideología y cómo pienses, si los lazos familiares son fuertes, eso es lo más importante.

M.G.- Como dices, los personajes principales son Lena y Guillén, de distinta ideología, ¿te ha influido de alguna manera a la hora de construir los personajes el hecho de cada uno piense de una manera distinta y se decante por  un bando u otro?

C.M.- Para mí ha sido una dificultad adicional, en la que no me había encontrado hasta ahora. Creo que esta es mi novela más rebelde, más díscola, porque me ha dado muchos problemas en este sentido. Si quieres construir un personaje creíble, que el lector lo vea real y con el que se pueda sentir identificado, tienes que desprenderte de tu forma de ser y meterte en la piel del personaje en cada momento. Para mí era muy complicado ser una mujer falangista hoy y mañana un hombre comunista. A los personajes hay que intentar comprenderlos, entender sus motivaciones, su situación, verlos como producto de un entorno o de una educación, es un ejercicio que me ha resultado muy difícil y en ocasiones se me rebelaban. Por eso he tenido que cambiar cosas de la trama o el mismo final, diferente a como lo tenía previsto. 

M.G.- ¿Por qué elegir esta historia familiar ahora? ¿Por qué en la cuarta novela y no emplear esta información para escribir por ejemplo la primera?

C.M.- Quizá porque no tenía toda la información a mi alcance. En el caso de mi tío abuelo, por ser la oveja negra de la familia, nunca se hablaba mucho de él en casa. Pero hace unos años, una prima mía que es historiadora, hizo una investigación bastante exhaustiva sobre la figura de mi tío abuelo y publicó un libro donde recoge mucha información sobre él, especialmente lo que menos sabía de su vida, todo lo que le ocurrió en Francia. A partir de ese momento es cuando me he sentido preparada para escribir esta novela.

M.G.- Aportas algunas fotografías en las gualdas.

C.M.- Sí, y casi todas son familiares. Hay fotos de mi abuelo materno, de unas tías abuelas mías que fueron enfermeras en la Guerra Civil, también hay otras que no tienen nada que ver con mi familia, claro.

M.G.- La novela se inicia con un hecho real, un accidente aéreo en un pueblo de montaña en el que fallecen tres pilotos franceses. Tú te haces eco de ese acontecimiento que tuvo lugar en un pueblo de Burgos y a partir de ahí empiezas a tirar del hilo de esta historia.

C.M.- La historia de esos pilotos me la contó los sobrinos del protagonista, y me pareció tan bonita y tan singular que de algún modo sabía que tarde o temprano la acabaría incluyendo en alguna de mis novelas. La gente puede pensar que ese suceso me lo he inventado pero es absolutamente real.

M.G.- Si incluso hay una lápida en el pueblo, ¿verdad?

C.M.- Sí, sí, en las gualdas encuentras una fotografía. La primera vez que llegué a ese pueblo y vi la lápida me pareció de lo más extraño. Además está fuera del cementerio, pegada a la fachada de la iglesia, muy fuera de lugar y con el nombre de tres franceses muertos en accidente de aviación pero realmente no conocí la historia completa hasta hace unos pocos años que me la contaron y me pareció muy bonita.

M.G.- Los protagonistas, además de estar en bandos diferentes, viven una historia de amor. ¿En tu novela vamos a ver cómo el amor prevalece sobre los ideales o no? ¿Cómo has enfocado este tema?

C.M.- Yo siempre he considerado el amor como tabla de salvación en los momentos más difíciles. Cuando buceas un poco en el pasado y te das cuenta de lo mal que lo pasaron la gente en aquella época, viviendo constantemente en la cuerda floja, temiendo por su supervivencia, entiendes que lo único que tenían para agarrarse era el amor, y no solo el amor romántico sino el amor a todos los niveles, el amor familiar, filial, paternal, maternal,... Era lo único que los ayudaba a continuar día a día en un entorno que era verdaderamente hostil.

M.G.- Y al margen de los protagonistas, ¿destacarías algún personaje más?

C.M.- La trama está llena de personajes. Creo que es la novela en la que más cantidad de personajes he manejado pero sí que es verdad que, dentro de los múltiples secundarios, algunos cobran más protagonismo que otros. Si tengo que destacar alguno me decanto por Jaime de Aranzadi que aparece hacia el final de la primera parte, coincidiendo con el final de la Guerra Civil. Es un personaje que para diseñarlo me he basado también en mi abuelo materno pero no tanto en su recorrido vital sino en cómo era como persona, muy moderado, sin fanatismos. Mi abuelo veía las cosas tal y como eran y si tenía que criticar a los suyos lo hacía. Le tengo mucho cariño a ese personaje. 

M.G.- Y también hay personajes reales ¿verdad?

C.M.- Sí, generalmente en todas mis novelas los hay. En este caso, además de los cameos, hay personajes reales que cobran mucho peso como Wilhelm Canaris, el jefe de los servicios secretos alemanes durante la II Guerra Mundial. Es un personaje que conozco desde hace años y siempre me ha tenido muy fascinada porque es muy misterioso. Afín al régimen, antes de que estallara la guerra, era del Partido Nacional Socialista, de la jerarquía pero a medida que va avanzando la contienda se va dando cuenta que se ha equivocado, que eso no era lo que él quería para Alemania y desde su posición privilegiada hace todo lo posible para primero negociar una paz honrosa para su país porque era muy patriota, y luego para derrocar a Hitler. Él participa en casi todo lo que supuso la operación Valkiria, termina siendo arrestado como conspirador e internado en una prisión donde lo ejecutan poco antes de que termine la guerra. Es muy misterioso incluso para los historiadores que han estado a la búsqueda de unos diarios que él escribió pero que se perdieron. No han conseguido esclarecer muy bien su figura y  algunos lo han considerado un traidor.

M.G.-  Sí que es interesante, sí. Y la última vez hablamos que La piel dorada era una novela coctelera. ¿Y esta?

C.M.- Esta también lo es. Es el tipo de novelas que a mí me gusta leer y me gusta escribir. Creo que la multiplicidad de géneros enriquece, es entretenida y gusta de todos los lectores.

M.G.- Carla con La piel dorada hablamos de las musas de los artistas que querías sacarlas del anonimato. En esta novela, Lena ejerce de enfermera en el frente, un papel muy importante también porque la guerra no solo se gana en las trincheras. Da la sensación que te gusta rescatar a esas mujeres que han tenido un papel fundamental las que nadie ha prestado atención o de las que se ha hablado poco.

C.M.- Sí porque como personajes tienen mucha fuerza y son singulares en su época. Es interesante explorar sus vidas y construir personajes que reflejen su trayectoria y ese carácter especial que tenían. Siempre que se habla de las guerras, se destaca mucho el papel masculino pero las mujeres también fueron importantes. Las enfermeras estuvieron en primera línea del frente, sufriendo los mismos padecimientos que sufrieron los hombres en muchas ocasiones y sin embargo, nunca se les ha reconocido esa labor hasta hace relativamente poco. Y sí se me apetecía hacer ese homenaje. Por ejemplo el caso mismo de las enfermeras de la División Azul. Todo el mundo sabe que hubo enfermeras en la Guerra Civil pero no estoy segura si todo el mundo sabe que hubo enfermeras voluntarias españolas en el frente ruso con la División Azul. Es muy bonito ver esa visión femenina de todas esas mujeres que pasaron por allí, cómo se adaptaron a la dureza de la guerra, cómo vivían esos momentos tan duros.

M.G.- Y has llegado a decir literalmente, si no me equivoco, que «Esta es otra historia más de la Segunda Guerra Mundial». Una frase que, en principio puede tener una lectura peyorativa, le das la vuelta, la enfatizas y la contextualizas positivamente.

C.M.- Es que es verdad. Parece que hay cierto hartazgo con esto de las novelas de la II Guerra Mundial o la Guerra Civil pero al final es lo que el público demanda. A mí me ha ocurrido en la Feria del Libro de Madrid, la gente me venía diciendo que le encanta la temática. No tiene por qué ser malo que haya más literatura sobre ello, sobre todo teniendo en cuenta que es un periodo que no hemos logrado entender. No hemos comprendido que gente que era muy similar a nosotros, con una forma de vida parecida, llegasen a los extremos a los que se llegaron, sobre todo en la II Guerra Mundial, a una barbaridad tal a todos los niveles y en todos los bandos. Mientras no lleguemos a entender eso, seguramente habrá mucha literatura sobre estos conflictos. Además son tan extensos, y no solo en el tiempo sino también en otros aspectos, que siempre hay algo nuevo por descubrir.

M.G.- Y siempre perspectivas diferentes.

C.M.- Claro, como la de las enfermeras de la División Azul. Creo que esto interesa a los lectores y por eso no creo que sea malo que haya otra novela sobre la Guerra Civil o sobre la II Guerra Mundial. Además, el paso del tiempo permite tener una perspectiva diferente. La Historia la escribe los vencedores pero el paso del tiempo también da voz a los vencidos y eso es lo que permite que podamos ver la Historia desde ángulos distintos.

M.G.- La novela cuenta con una especie de introducción que ubicas en 1990 y luego hay un retroceso a 1927. ¿Qué horquilla temporal abarca?

C.M.- Básicamente abarca desde 1927 a 1950 por lo que coge la Guerra Civil y luego fundamentalmente, en la segunda parte que es la más extensa, coge la II Guerra Mundial. Por último una pincelada final sobre los coletazos últimos de la lucha clandestina contra la dictadura en España.

M.G.- ¿Y qué escenarios nos haces visitar Carla?

C.M.- La historia parte de un pueblo de montaña al que no doy nombre. Luego, la Guerra Civil se centra principalmente en el sitio de Oviedo que creo que es un aspecto bastante desconocido dentro la guerra en España y me apetecía verlo desde el punto de vista de la población, cómo vivió la contienda la gente de allí. Por otra parte, con todo lo que abarca la II Guerra Mundial nos desplazamos a Francia, Leningrado, Varsovia, Tánger,... 

M.G.- La documentación habrá tener una doble vertiente. Por un lado toda la parte histórica y por otro, todo lo relativo a tu familia. No sé cuánto tiempo te habrá llegado una cosa y otra.

C.M.- No sabría calcularlo muy bien. La investigación la he realizado en conjunto pero sí que es verdad que ha sido muy extensa por la cantidad de escenarios que hay, también por los diversos aspectos de la guerra que toco. Ha sido una labor muy amplia.

M.G.- Cuando los autores os documentáis entiendo que debe ser una labor fascinante con la que vas aprendiendo pero al fin y al cabo son hechos externos a nuestra vida, por decirlo de algún modo, pero en tu caso, al tenerte que documentar también sobre tu familia, me imagino que habrá sido un ejercicio mucho más íntimo.

C.M.- Sí, me he visto obligada a desempolvar historias familiares. Por ejemplo he tenido que rescatar la hoja de servicios de mis abuelos, que no la había visto nunca. Tuve que ir al Archivo Militar porque como familiar tienes derecho a ver esa información. En el caso de mi abuelo paterno es que vive todavía, va a cumplir 103 años

 M.G.- ¿En serio?

C.M.- (Risas) Sí, sí, y está más o menos bien de cabeza, pero en el caso de mi abuelo materno ya falleció y claro recuperar todo eso es muy emotivo, sí. Es una parte de la información que te toca muy de cerca.

M.G.- 800 páginas. ¿El lector tiene que tener miedo? (Risas)

C.M.- (Risas) Dependerá del tipo del lector. Recurro de nuevo a lo que me dijeron en la Feria del Libro porque es donde pulsas más a los lectores. Muchos te aseguran que les gustan las novelas gordas sobre todo para el verano, porque así se llevan solo una a la playa y es la que leen. Luego sé que hay otros lectores que no, que la extensión les echa para atrás. No sé, yo creo que la extensión no debe ser un condicionante. Todo va a depender de lo que te pide la historia.

M.G.- De todos modos, he leído reseñas en las que se comentan que, a pesar del volumen, se lee con mucha fluidez.

C.M.- He intentado que no sea un estilo demasiado enrevesado sino más directo. Sí que es verdad que, de todos mis libros, es el que más fluido me ha salido. No he querido cuestionarme en ningún momento mi prosa, ni he querido darle vuelta de tuerca a las frases. He dejado que la historia fluyera con un estilo sencillo, que no simple, pero tampoco he querido complicarme mucho la vida en ese sentido. Eso a la larga agiliza la lectura. 

M.G.-  Se hace muy ameno.

C.M.- Eso es lo importante al final. 

M.G.- ¿Y el título Carla? Creo que procede del poema de Keats que figura en las primeras páginas.

Para ti, que has sentido en tu rostro el invierno,y que has visto las nubes de nieve entre la nieblay copas de olmos negros entre estrellas heladas,será la primavera un tiempo de cosecha.

C.M.- Sí. Estoy muy orgullosa porque es el primer título que pongo yo.

M.G.- ¿Sí?

C.M.- Yo es que no soy nada puntillosa con los títulos de mis libros pero en este caso dí con este poema, que es como una especie de contraseña  que Lena y Guillén utilizan en algunos momentos. Creo que esta frase, que en realidad en el poema está invertida, refleja muy bien el espíritu del libro. El poema te viene a decir que no importa cuántos inviernos hayas vivido en tu rostro porque al final la primavera siempre llega. Yo creo que ese es el mensaje de libro. No importan todas las calamidades que pases, lo dramático que sea la época que te ha tocado vivir, al final siempre hay un mensaje de esperanza y optimismo, siempre puedes volver a levantarte, apoyándote en esa tabla de salvación que decía antes, en el amor.

M.G.- La cubierta es una preciosidad.

C.M.- Mérito de mis editores. En el proceso de preparación de la portada siempre te hacen algunas propuestas pero en este caso lo tenían muy claro. Al principio tuve mis dudas porque la chica no refleja exactamente la idea que yo tenía de Lena, una mujer con mucha, fuerza algo que no se ve en la chica de la cubierta. pero eso al lector creo que le da igual. Visualmente es muy atractiva. 

M.G.- Sí que lo es. A mí me encanta. Carla, lo dejamos aquí. Te deseo mucha suerte con esta nueva novela que realmente tiene una pinta deliciosa.

C.M.- Muchas gracias. Espero que te guste y hasta la próxima.

Y hasta aquí la entrevista a Carla Montero. Aún estoy en proceso de lectura de El invierno en tu rostro pero solo puedo decir que me está gustando muchísimo y no soy la única a la que le ha gustado. He leído varias reseñas muy positivas. Ya os contaré mis impresiones a lo largo del verano.







[Algunas imágenes e ilustraciones tomadas de Google]

14 comentarios:

  1. A la vuelta del verano, la leeré. Me gusta la narrativa de Carla Montero. Y estoy de acuerdo con el recuerdo que le haces de La piel dorada: una buena novela. Pero, el márketing, es el márketing, y ante eso, lo que pensemos nosotros, no cuenta. Besos.

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  2. No sé. A mí "La tabla esmeralda" no me gustó así que esperaré tus impresiones para decidirme.
    besos

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  3. Esta pretendo leerla, no he leído ninguna novela anterior, me gusta ese mensaje optimista que parece difícil en según que situaciones :)
    Besos

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  4. Muy buena entrevista. Aún no me he estrenado con esta autora y me parece que cuando lo haga, será con su última novela. Cada vez me llama más.
    Besotes!!!

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  5. Excelente entrevista. Me gusta mucho esta autora y me encantaría leer este libro. A ver si me hago con él :)

    Bs.

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  6. Me ha encantado la entrevista. Como lo hizo el libro.

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  7. Que interesante la entrevista, a mí la novela me gustó mucho
    Besos

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  8. Aunque se toca la Segunda Guerra Mundial, creo que es de esas novelas que pueden gustarme. La apunto. Un beso.

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  9. Gracias por la entrevista, Marisa. Con la novela por ahora no me animo, la anterior no me convenció y ésta es tan tocho que me da pereza.
    Besos.

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  10. A mi también me encantó charlar con ella ¡Es increíble la historia que ha escrito!

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  11. Gracias por la entrevista. Me gustaría leer la novela, pero no se si tendré tiempo, la verdad.
    Un beso ;)

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  12. Cómo te curras las entrevistas. La verdad es que esta novela la descarté en un principio por su volumen y lo he reconsiderado, quiero leerla.
    Besos

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  13. Creo que es un libro muy buena y que podría por lo que nos contó la autora dado para algún libro más.

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  14. ya la estoy anotando, la conocimos por la peil dorada y es espectacular. que gustazo!!! saludosbuhos.!

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